sábado, 26 de febrero de 2011

Aviones

Decían que amar era volar.
Nos conocimos por casualidad
y entre citas por probar una nueva línea aérea
y la curiosidad de unas risas compartidas en tierra
pasamos de largo la puerta de embarque
y no nos dimos cuenta del despegue.
La siguiente vez que un amigo nos preguntó
ya viajábamos a velocidad de crucero
en un cielo de sábanas blancas y gemidos.
Yo tu comandante
tú mi copiloto.
Dejamos que la pasión
pusiera el piloto automático
y volcamos las manos
en otras batallas.
El vuelo fue precioso:
paradas en las islas del deseo,
hicimos el amor entre nubes,...
por fin un acompañante de vuelo.
Fue precioso el vuelo.
Mucho peor el aterrizaje.
Desatendimos las normas en caso de fallo
y sin chaleco salvavidas
nos ahogamos en un mar de dudas.
Llegó un momento en que empezamos a viajar a
600 malentendidos por hora
fallaron los motores
la rutina es combustible para otros viajes.
No hará falta buscar la caja negra entre el fuselaje
para conocer las razones de nuestro fracaso.
Supongo que tenía razón esa canción que hablaba
de que un hombre y una mujer son como aviones de papel:
vuelan por un tiempo pero al final tiene que caer.
Pero siempre hay más aeropuertos
siempre se puede aterrizar de emergencia
en otro presente en otros ojos
y no puedo evitar plantearlo.
Ahora que te tengo enfrente
quiero preguntarte si por algún casual
aceptarías ser mi copiloto.
Prometo que volaremos.
Ya negociaremos otro día el aterrizaje.

MARWAN

1 comentarios:

FAH dijo...

Muy buena poesía. Me ha gustado. No conocía a Marwan. Investigaré. Gracias ;)

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