martes, 10 de enero de 2012

Ajuste de cuentas


No sé si estás esperando
por mi parte algún recibo,
algún ajuste de cuentas
sensato, cabal, de tipo
que sabe por donde pisa
y que conoce tu piso
como su propia cabaña,
que se sirve sin preguntar
y que se lleva los discos
que adoras, tu ropa interior,
- sólo devuelvo los libros -,
y pone cara a la pared,
es decir, cara el olvido,
esos retratos antiguos
novios de porte divino.
Tú ya sabes que no hay nadie
más torpe con los dígitos
que yo ( un sabio me enseñó
no más del cero al cinco)
y no vine a traer la guerra.
Sólo quiero estar contigo
un rato, bajar la guardia,
sé que aquí no necesito
hacerme propaganda,
ni levantar cien castillos
de palabras deslumbrantes,
ni venderte un paraíso
( me consta tu escaso interés
por los alejandrinos )
a estas alturas del juego,
con todo lo que ha llovido.
Pero pasa que afuera están
pregonando el fin de siglo,
dicen que esto se va al traste,
que es nuestro fatal destino
comernos el soberano
marrón de estar en el sitio
y en el tiempo que nos dieron.
No, no pienses que he venido
de heraldo negro o jinete
grave y apocalíptico,
todo lo contrario: digo
que, como purga de urgencia,
para quedar redimido,
podría hacer noche aquí,
dormir en el suelo mismo,
y combatir a tu lado
el día, a brazo partido.
Y todo para decirte
y no sé como decirlo,
esto que suena tan bobo,
tan pobre, como un maullido
de tigre sin dueño que anda
por un triste andén, perdido.
Seguramente lo aprendí
en algún film aburrido
de esos con que nos castigan
las tardes de los domingos.
No esperes nada original,
conste que te lo he advertido.
En fin, ahí va. Resumiendo:
te amo. No sé si me explico.

ALEJANDRO LUQUE

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