lunes, 20 de enero de 2014

¿De qué color son las princesas?


Hablaban de sapos y príncipes azules
pero nunca nos dijeron de que color eran las princesas.
Aunque ahora que te veo así vestida,
no solo tengo la certeza de saberlo,
sino que además,
imagino como debería acabar el cuento.

Y no, no empezaría con el típico "Erase una vez"
porque tú no eres una vez,
tú eres todas las veces
y hasta las veces de las veces que no han llegado a ser,
fuiste tú la que hiciste que no fueran
al no ser esa vez que yo esperaba.

Tampoco creo que un beso te despierte,
tú que cada vez que bostezas
perviertes el aire con tu garganta profunda.
Que en cada desvelo humedeces las sábanas
haciendo que resbalen por la seda
los osos polares de tu pijama para adultos.
Tú que te diagnosticas insomnio
si no duermes abrazada,
que no desnudas tus pies de calcetines
si no te lamen la piel antes del sueño.

Tú que casi siempre extravías los  zapatos de regreso a casa
de esas veces que llegas antes de las doce del día siguiente
y enfermas a esta ciudad de fetichismo irreversible.
Ignorando que yo me como las migas de pan de tu camino
porque no se puede estar perdido si tú estás cerca.

Y así vestida...
supongo que hay que ser un poco puta
para que te llamen princesa,
solamente un poco cabrón
para croar en las charcas.

A mí que el azul me sienta como un disparo en la nuca,
que lo más cerca que estuve de la monarquía
fueron aquellos seis de enero cuando una mentira piadosa
era mejor que todas las verdades que me quedaban por descubrir.

Ojalá fuera caperucita la que esta vez tuviera hambre.
Me digo a mí mismo mientras tus ojos
juegan con el espejo del baño
a ser la más bonita del barrio.
Y lo eres. Claro.

Y  también  el nunca jamás
y este suspiro,
la trenza donde se balancea mi futuro
y Alicia sin reloj y sin paraguas,
el as que le falta a mi baraja.
La aguja donde se pinchan los globos que perdí de pequeño,
el eco que nunca volvió cuando dije te quiero,
el verso que nunca escribí
por dolor y vergüenza.

Pero nunca mía,
eso eres,
porque de serlo ahora mismo
yo te estaría llamando amor y no princesa
y desde luego estaríamos hablando de otro cuento.

Más acuático seguramente.

ERNESTO PÉREZ VALLEJO

5 comentarios:

Grace dijo...

Buscando poemas de Marwan encontré tu blog, grata sorpresa me llevé al descubrir autores nuevos y a la muchacha que lee despacio :)

Regresaré!

Noemí Vico García dijo...

¡¡Qué ilusión que te guste el blog!!
Te espero por aquí... :)

Abril Alanda dijo...

A mí también me ha encantado tu blog!
Volveré a menudo!

Carlos Damian dijo...

Me gusta a medias tu poema porque me recuerda mucho algunas cosas; y qué bueno que exista estos espacios

Noemí Vico García dijo...

Me alegro de que te guste Carlos, aunque sea a medias :-)

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