martes, 8 de abril de 2014

En el mismo sitio de siempre


Hoy he vuelto
al mismo sitio
de siempre por primera vez.
Ha sido como tener un espejo delante
y dirigir la vista hacia tus ojos:
un atajo.

Hoy he visto a una chica escoger una flor
entre un puñado de colores
y me ha parecido un motivo de sobra
para querer ser alguien mejor.
Te he imaginado a ti dentro de mis pulmones
eligiendo qué suspiro provocarme hoy,
y de nuevo he sido yo por un instante.
Después he vuelto a casa
mientras pensaba en cómo piensas, 
en aquel lunar 
que apagaba la luz de mi cuarto cuando lo pulsaba, 
en qué harás los domingos por la mañana sin mí, 
en si aún te hará feliz madrugar 
para comprar tu pan favorito.

A veces hacemos complicado lo sencillo
por el simple hecho
de que alguien venga a resolvernos la ecuación, 
pero la vida no es una ciencia exacta:
yo me aprendo tus palabras
y me basta con un piano para querer volver a verte; 
tú me enseñas que el silencio también forma parte de la melodía
y me rimas las caderas con tus manos mientras te vas.
Ser sencillo no implica ser fácil, 
significa saber.
Y tú sabes a pan recién hecho un día como hoy.

Que aún me guste enredarme en mis enredos
por el simple hecho
de alimentar al león que es mi tristeza
para que no despierte rabioso de hambre
me parece algo tierno.

Que la vida siga siendo
después de tanto tiempo
un asunto tan bonito de resolver
como los dedos de mi madre curándome el pelo
no deja de sorprenderme.

Que tus ojos miren a los míos hechos viceversa
cada momento
como si en este comenzara la primavera,
en aquel viéramos el mar
o en ese nos besáramos como primerizas la una de la otra
me resulta justo.

Que ambas sigamos
en el mismo punto que nos lleve a huir o a quedarnos,
a igual distancia -la mínima- la una de la otra, 
en el día exacto para querernos, 
es, sin duda, 
un regalo.

Cierra los ojos, 
tengo en la boca varios secretos esperando como besos, 
con la misma impaciencia, 
con la misma pausa:

Cuando me encuentro me dedico a escribirte
poemas veloces que lleguen a tu almohada antes que yo:
nunca los leas, 
mi hueco de tu cama intacto es mi prisa.

Cuando no estás solo te quiero lo que dura una canción, 
cuando no estás lo único que quiero de ti soy yo.

Mis miedos son balas de fogueo,
no son más que pesares quebrantables,  
pero en ocasiones me descubro tan llena
que ansío el vacío,
y eso me aterra.
Sin embargo, 
un día escribiste tu nombre al final de todos mis puntos
y desde entonces recibo a las pesadillas con cariño.

Te he mirado lo suficiente como para no tener sueño, 
te he mirado tan poco que aún me quedan mil sueños por cumplir.

No quiero llegar a conocerte nunca
para poder seguir viajando sobre tu cuerpo
con la nada en el bolsillo
y la bandera de pirata entre los dientes.
No quiero llegar a conocerte nunca para que nunca te acabes.

No aspiro a pasar el resto de mi vida contigo, 
lo que yo quiero 
es alcanzar la inmortalidad
corazón sobre corazón.

Sigo llevando un calcetín de cada color
para que sonrías al desnudarme.
Sigo sonriendo al desnudarte
porque todavía tiemblas ante mi torpeza.
 

Hoy he vuelto 
al mismo sitio 
de siempre por primera vez.
Allí alguien me ha dicho: 
para ser feliz solo hay que querer serlo.
Y yo te quiero como si no existiera otra opción, 
así que imagínate 
lo
feliz
que
soy.

ELVIRA SASTRE

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