lunes, 3 de noviembre de 2014

Lo siento


Lo siento,
por los que no nacieron a tiempo
y te ven mayor.
También por los precoces
que te llaman niña
sin mirarte a la suela.

Lo siento,
porque me eliges a mí
y no pueden ellos entender el paraíso.

Lo siento,
por los que te ponen otros nombres,
por los que te pronuncian sin saberlo
cuando hablan de orquídeas
y amapolas.

Yo tengo la suerte 
de saberte de memoria,
de que me llames tesoro
por ser rico en defectos.
De encontrarte recíproca, 
viceversa que encajas,
quimera del despierto
que se atreve a soñar
con la belleza.

Lo siento,
por ellos y por ti,
perdición que todo lo amparas.
Pero sobre todo por ellos
que reen que eres verano
en su norte
y te ven diamante.
Cuando eres de hilo,
azabache de sábanas,
eterno octubre.

Que siempre 
estás entre la raíz
y el otoño,
que deshojas los días
y te pareces a todas las cosas.

Lo siento,
por los que te usaron de trinchera.
Por los que no entendieron
que giras en círculos,
que te alejas
y vuelves
como una noria que mira al cielo.

Lo siento,
de veras,
por todos los que no supieron ver
que puedes
ser princesa
en todas las esquinas
y puta
de un solo hombre.

VÍCTOR BAEZA RUEDA



2 comentarios:

Nicky Sciavo dijo...

"...De encontrarte recíproca..."
Eso, ESO, sí que es una verdadera suerte.
Sí.

Brenda Mirón G dijo...

Me parece un poema hermoso, que refleja el sentimiento de admiración de un hombre hacia la mujer que ama. Me parece bello porque él reconoce todo lo que ella es, la manera en que ella vive, ella da, ella se entrega e incluso se aleja; al reconocerla en su plenitud, en todas sus facetas (buenas o malas), lamenta y, considero, a la vez celebra el hecho de que sólo él puede gozar de la experiencia de tenerla, de saberla consigo y, lo más importante creo yo, de que tiene esa reciprocidad de parte de ella.
La sabe exclusiva, pero la sabe totalmente, libre y completa. Es como un homenaje el decirle "lamento que nadie más sepa de esta dicha de tenerte, pero agradezco que hayas decidido estar aquí, conmigo".
Incluso él sabe que algunos otros la dejaron ir, no supieron contemplarla con la debida atención que ella merece; ellos nunca conocieron ni conocerán lo que es, o al menos cómo él sabe que ella es, la manera en que la concibe.

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