sábado, 1 de noviembre de 2014

Noviembre


Ha pasado el cometa y ha dejado
un vacío en la noche exorbitante,
un vacío mayor que si no hubiera
sucedido el prodigio. ¡Quién pudiera
olvidarlo! ¡Quién pudiera olvidar!

El hombre entristecido por la ausencia
se pregunta si quedan
restos aún, algún tenue pedazo
de aquél amor más fuerte que los otros,
de aquellos corazones enlazados
en medio del espacio, cuando el tiempo
detenía su marcha y los alzaba
más allá de su exacto mecanismo;
se pregunta si permanece el eco
de la palabra limpia y espontánea,
la humedad en los cuerpos sosegados,
la resaca de festejar los días.
Y, al fin, el hombre entristecido puede
notar las ascuas en su entraña fría:
algo arde todavía en el glaciar
en que se ha convertido el escenario
donde hace poco amaba sin descanso.
El amor sabe bien que su destino
es desaparecer, pero se empeña
en mantener la llama con pavesas.
Y a esa parva ilusión ató sus sueños
el hombre abandonado,
aun siendo tan inútil la esperanza
como el sol de finales de noviembre.

JULIO RODRÍGUEZ


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