viernes, 13 de febrero de 2015

Almudena, de Luis García Montero






Ediciones Valparaíso nos traen un regalo precioso, todos los versos de amor que Luis García Montero le ha escrito a Almudena Grandes durante años. Sin duda, merece la pena tenerlo y DISFRUTARLO....

 NUEVAS CONFESIONES
Ese otro, 
también te ama. 
Darío Jaramillo Agudelo 

Es que no eras el mismo, 
me dices con los ojos quemados de mirarme. 

Te dolía la casa, 
viajabas demasiado y sin motivo, 
rodabas por el humo de la noche 
igual que el sueño roto de la mesa. 
parecías amargo,
muy perdido,
tal vez por otros cuerpos
tal vez por una fecha
en la vida de nadie,
una cita sin año ni estación

El cuervo de la lluvia cruza por la ventana.

Cuando yo no era el mismo
te quería también

TÚ QUE TODO LO SABES

Tal vez, tal vez tú puedas
encontrar lo que a mí me resulta imposible,
lo que no he conseguido minuto tras minuto
de una noche de insomnio,
porque nada confiesan los últimos esfuerzos
del ascensor inútil
y mantienen silencio los ruidos de la luz
y los primeros coches.

Pero tal vez, seguro que tú puedes,
porque todo lo piensas y a todo le das vueltas,
encontrar lo que a mí me resulta imposible,
un lugar de mi cuerpo, un rincón de mis ojos
que no sean memoria de tu cuerpo y tus ojos,
de tu pelo que sabe llorar como un recuerdo
sobre nosotros juntos,
de los labios que saben callarse como un sueño,
de las manos que buscan mi cara y me preguntan
y no esperan respuesta.

Seguro que tú puedes porque lo piensas todo,
pero yo nada encuentro,
nada encuentro en mí mismo
que no viva rendido a ser memoria,
amor de ti,
sombra de lo que existe porque te pertenece.

NO SÉ VIAJAR SIN TI

Deshice la maleta. Fue saliendo
doblada una ciudad con voz de lluvia.
De la percha colgaron
los cielos rotos y la luz sumisa.
Ordené las preguntas
en la parte derecha del cajón
y a la izquierda dispuse un restaurante,
una mesa sin hambre y sin rumor de sábanas
para cenar cansado de estar solo.


Luego bajé a la calle.
En la esquina arrugada de una chaqueta negra
me detuve a mirar
la luna de las ropas interiores.
Dolía el pasaporte en el bolsillo
igual que los extraños y las tiendas cerradas.
Quise llamar un taxi. No levanté la mano.
Se paró junto a mí la desventura
de una ciudad vacía.

A media noche estaba a medio ser
en medio de la nada.

No sé viajar sin ti,
ni contarte las cosas por teléfono



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