viernes, 5 de agosto de 2016

Coordenadas



Te convertí en un mapa.
Te hice líneas en el anverso de la partitura,
con sus manchas de café, y sus estaciones de viento.

-si he devolver, traeré la misma maleta
para que nada sea distinto-.

Desde ti nacen caminos solo para ciervos.
Situé árboles desorientados, y sus nombres
indefensos en la corteza. Le hablé a tus relieves,
descubrí llanuras que no tenían preguntas
y un piano urgente ariba en la montaña verde.

Puse carteles con mis aldeas de siempre:
Kavafis, d'Ors, Valero, Lorca, Colinas,
como si pudiera la poesía iluminarme los pasillos.

Te quise, como el itinerario de la posibilidad fallida,
como el cambio de planes de los paracaidistas,
olvidé dibujar los fusiles de los días
que parecen de lluvia, porque nada dejan
más que la ropa mojada,
las despedids y el pantano sonoro de las horas.

Levanté una ciudad para el perdón
donde los olvidados se intercambian
las cartas, las sillas, las espadas.
Te fui transformando en un tablero
con sus criaturas inquietas,
tu ir y venir en la casa,
nuestro hacer y deshacer el amor
-lléname la taza, dame un beso, enciéndeme un cigarro-.

Ese fue mi capricho,
que fueses un plano para el desembarco
en este poema de agosto, hoy,
que se han agotado las entradas.

Ésta es la geografía de todos los poemas,
un lametazo del olvido con sus notas
a pie de página, una bengala que solo yo veo,
para ver si de una vez despierto
y me rescato.

Viéndote de esta manera, hecha tinta, luz, círculo,
silueta fácil de empapar, no sé bien si fuiste cordillera
o tan solo un país de tormenta
-márchate antes de que vuelva a amarte-.

Lo termino y repaso los bordes,
que nada se me olvide, que no pueds reprocharme
un solo tejado, un escenario, un ladrido a destiempo.

RUBÉN TEJERINA


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