martes, 23 de febrero de 2016 0 comentarios

Víspera de quedarse


Todo está preparado: la maleta,
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.

Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.

Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.

Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.

El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…

Todo está preparado: en serio, en vano.

JUAN VICENTE PIQUERAS




lunes, 22 de febrero de 2016 0 comentarios

De pletóricas respuestas


He hallado tu mano
Dispuesta sobre carteras
De aterciopelada crin
temblorosa y rosada.

Más no has hablado
El falso billete de la sonrisa
Que un monte de piedad
Tasara en mortecina mañana

Equilibrada báscula
De sensaciones de un ébano
Carcomido por la termita
Del todo vale y no tengo nada.

Encontrar mañanas
En las verdes taquillas
De la primavera que
No aguarda a los embaucadores.

Adiós amiga trilera
Te llevas los euros
Contados con el agujero
De un bolsillo que has horadado.

Tenías el horizonte
Y te llevas la oscura sombra
Que producen los desagües
En la olvidada corriente de la memoria.

Y si un día llamarás
A la puerta que una vez
Te dio cobijo y oído
Verás un cartel que reza.

Se traspasa amistad

RUBÉN GARCÍA CODOSERO
@ophiel 
domingo, 14 de febrero de 2016 0 comentarios

Todo lo perdí


Todo lo perdí, salvo tu nombre.
Lo demás se me ha ido poco a poco:
sudores y palabras, cortas noches,
la copa del encuentro, negros días,
los lunes del pecado, los hoteles
sin vino y la esperanza del invierno.

Todo fue como el aire de la vida,
la luna acorralada, el tiempo en blanco,
las caricias de amor y los papeles
con versos y las cartas del olvido.
Las dudas ante el beso, la alegría,
el amor a las tres de la mañana.

En todo estabas tú, aunque no eras:
la atracción de los cuerpos y la sangre
golpeando el rincón de los insomnios.
Las calles para andar en tu costado,
la cintura, los lazos de la carne,
el camino hacia donde y hacia cuando.

Por allí–y allí mismo- estaba el frío,
las tardes de domingo, el sueño a solas,
las manos como fuego, tiernos labios,
el abrazo del miedo, las llamadas,
teléfonos sonando en la penumbra,
el cielo protector cuando tú estabas.

Y todo lo perdí. Ya no me queda
más que el nombre, tu nombre que es ahora
el recuerdo lejano de un instante.

RODOLFO SERRANO
domingo, 7 de febrero de 2016 0 comentarios

Definición de hijo

 
 
 Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje.
Sí. ¡Eso es!
Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado.
¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo... EL MAS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias.
Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos.
 
  (Texto atribuido a JOSÉ SARAMAGO)
 
miércoles, 27 de enero de 2016 0 comentarios

Crecer


Crecer es ir haciéndose de piedra,
que los huesos alcancen su longitud máxima,
que los brazos tengan exacta la medida
para no alcanzar ciertas cosas.

Crecer es arrastrar los cadáveres
de que los fuiste
y de los que ya nunca serás.

Rostros desdibujados en la memoria,
memoria que siempre olvida
la voz de las bocas que ya no te acompañan.
Saber que la pieza de puzzle
tiene demasiados recovecos
para llenarlos todos.

Asumir el vacío.

Crecer es tener en los ojos un lugar para la niebla.
Aguantar el peso descalibrado de ser adulto.
Recordar la infancia como una pompa de jabón
breve
      ligera
           y frágil.

Crecer es aceptar que todos tenemos una muerte
que no está fuera
que está cerca,
dentro,
y que gana terreno en cada paso.

Crecer es entender que hay que seguir respirando
por mucho que algunos poemas
quieran tener

forma de pistola.

VÍCTOR BAEZA
jueves, 21 de enero de 2016 0 comentarios

Condicionados

Yo te habría invitado a la inmortalidad, 
porque no existe.

Habría dado la vuelta 
a tu mundo
y te habría hecho reversible
para ver de qué color eres
cuando te dejas desnudar.

Habría contado los días
para no verte
y olvidado la cuenta en las noches
que perdiera contigo. 

Te habría invitado a bailar
sin promesas
ni futuros
ni vidas que durasen más de seis minutos;
-no concibo
a tu lado
una existencia
que no muera
y resucite
cada seis minutos-.

Habría dado las vueltas
que hiciesen falta
para conseguir un infinito de finales. 

Después, 
te habría culpado de todos ellos,
vomitando entre tus ruinas mi pasado
y ahogándome en la posibilidad
de despertar mañana 
en pijama 
y a tu lado. 

Nunca he notado tanto la ausencia
de lo que no llegó a ser.
Nunca había deseado
sin querer. 

No sé quién soy

ni en qué baso lo que hago
pero habría tasado tu risa en una eternidad. 





Siempre que
tú 
hubieras desaparecido,
exactamente como hiciste.
Solo me gustas si te vas..

ANDREA VALBUENA
(@algunandrea)
 


domingo, 22 de noviembre de 2015 1 comentarios

A nuestros hijos...


Fuente de la imagen: Alejandra Saiz

A nuestros hijos les vamos a contar que la moda era ser poeta, vestir desaliñado (cuanto más mejor), salir a un bar cualquier noche y encontrarte estereotipos de prototipos estereotipados, gente con sombrero roído por las juergas que dicen nacer de un par de cervezas. La moda era coger un lápiz y un papel y tachar el nombre de alguien que nunca más iba a volver, enredar su pelo en versos recién salidos del cuento que te cuentan cuando les preguntas sobre qué les mantiene tan vivos si están tan solos. La moda era rodear preguntas y hablar de todo retóricamente para que no te pregunten de algo que no tienes ni puta idea, ir a quedadas en las que había de todo menos poesía, y buscar alguna cara desconocidamente conocida para mirarla de reojo y sonreír a escondidas.

A nuestros hijos les diremos que éramos modas, pero ¿qué no lo es? Seguro que cuando ellos cumplan los veinte escucharán a Bowie, querrán ser héroes sólo por una noche y se sentirán de otra época. Rara vez el ser humano está conforme, por eso es mejor no hablar de su existencia.

Cuando tenga un hijo le hablaré de lo que éramos y le preguntaré quién quiere ser él, esperaré a que me responda de manera retórica para que a mí no me quede más remedio que rodear sus respuestas. Pero también le hablaré de la realidad, le diré que en mi tiempo la tecnología nos tenía absortos y dábamos la espalda a la verdadera vida hasta que le tuve a él. También le hablaré de las modas, de la poesía, de la cerveza, de que los verdaderos poetas no ahogan sus penas, se nutren de ellas. Le nombraré la obsesión que teníamos de compartir nuestra vida a través de fotos con personas que jamás veríamos, y las acompañábamos con pies que daban a entender lo felices que éramos, como dejando caer que nosotros también sabíamos fingir tan bien como ellos, y cuando esté cansado y me diga que qué quería ser yo de mayor, le contestaré que una vez le dije a mi madre: "mamá, de mayor quiero ser siempre tu hija". Y después de lo superfluo le inculcaré la verdad, aunque duela; el dolor aunque le haga llorar.

La mejor manera de levantarte de un golpe es tener ganas de recibir otro. Y otro, y otro, y otro, y entender que la vida es un dar y recibir por todos lados. Dar la mano, dar un beso, un abrazo, dar un vuelco a un corazón, dar el tiempo, dar amor sin promesas, darte a ti y seguir sintiéndote plena. Le diré que no hay mayor libertad que la de amar en silencio. Le hablaré de la vida en sus cinco sentidos, de lo importante que es estudiar por gusto y no por obligación, de que los tontos siempre tienen suerte y de que muchas veces nos gustaría ser un poco más tontos. Le hablaré del miedo, de la pérdida, de la ausencia, de la familia y de los amigos, de que cuando era pequeña jamás imaginé un futuro con hijos hasta que llegó ella. Le diré que cuando se sienta perdido, busque la sonrisa de su madre. Es un salvavidas.

A vuestros hijos no sé qué les vais a contar, pero yo le diré que fuimos modas. Pasajeras. De primera clase. Que cuando terminamos, no nos hizo falta el avión para seguir volando.

ALEJANDRA SAIZ
(@Alejandra_Saiz)
 

martes, 3 de noviembre de 2015 3 comentarios

Qué guapa te pones cuando olvidas peinarte...




Qué guapa te pones cuando olvidas peinarte. 
Y recién levantada.
Cuando el maquillaje se queda en nada de tanto reír.
Cuando mis camisetas se convirtieron en tus pijamas.
Se te marcan los pezones.
Que maravilla de vistas.
Y esos pantalones baratos que te hacen unas piernas de puro lujo.
Menos mal que tú sabes curar.
Me pones enfermo.
Cuando tu mirada dice que te encanta pasear conmigo por la noche y que no necesitas nada más.
Y como nos mira la gente por el parque.
Es por ti, no se explican cómo puedes bailar caminando.
Compartir cama es mucho más que sexo.
Cuando cenamos pizza en el sofá.
Y callarte a besos cuando quieres destriparme la película de Antena3.
Qué guapa te pones desde que rompí tu coraza con miles de abrazos.
Hagas lo que hagas, mientras no cierres los ojos, nunca estará el mundo a oscuras.

@DEFREDS
 
 
domingo, 1 de noviembre de 2015 2 comentarios

Cerca de la lejanía


Estoy lejos del tiempo, estoy en todo
lo que se va tragando el infinito;
pegado a ti: ¡estoy en lo que he escrito!,
libre de horror, afán, prisa, cruz, lodo.
Dentro del aire me desacomodo
y a la desolación me precipito:
mudo, sereno, intenso. (Me limito
a no ser más que un espectro beodo.)
No veo el horizonte, nada pienso.
¿Ruedo? ¡Floto!, invisible: por el mundo
de la ausencia, que nadie ha traducido.
Fuera de mí, a solas con lo inmenso:
en el descanso de lo más profundo,
en el olvido que es haber vivido.
ÁNGEL GUINDA



lunes, 19 de octubre de 2015 0 comentarios

El contexto


Ella sólo estaba enamorada del contexto.
Es eso, yo sólo lo sospechaba
pero el tiempo me lo va confirmando.
A veces nos enamoramos del contexto,
de las circunstancias,
de que esa persona aparezca en un momento
en que necesitamos ser salvados.
Y después, queda una historia así, como esta,
cambia algunas palabras si quieres,
porque probablemente, en algún momento,
es tu historia.

Quedaron en silencio.
Se miraron y ahí estaba,
todo en su sitio:
La música adecuada,
la temperatura perfecta,
las miradas electrificándose
dieron la potencia exacta
y apareció la luz,
el deslumbramiento total,
la ceguera.
Una copa,
hablaron de estrellas, de religión, de poetas...
Y horas después aparecieron los orgasmos.
Ese era el contexto.

¿Y qué es el amor sino eso?

FRAN FERNÁNDEZ


 
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